¿Dios valora a la mujer?
“Por una mujer tuvo comienzo el pecado, y a causa de ella, todos morimos.” (ECLESIÁSTICO, SIGLO II ANTES DE NUESTRA ERA)
“Tú eres la puerta del diablo; tú eres la que abriste el sello de aquel árbol; tú eres la primera transgresora de la ley divina; [...] tú destruiste tan fácilmente al hombre, imagen de Dios.” (EL ADORNO DE LAS MUJERES, DE TERTULIANO, SIGLO II DE NUESTRA ERA)
ESTAS palabras, que en realidad no proceden de la Biblia, se han utilizado durante siglos para justificar la discriminación de la mujer. Aún hoy existen fanáticos que responsabilizan a las mujeres de todos los males de la humanidad y recurren a textos religiosos para explicar por qué creen que hay que someterlas. Pero ¿era la intención de Dios que la mujer fuera despreciada y maltratada por el hombre? ¿Qué dice la Biblia? Veámoslo.
¿Maldijo Dios a la mujer?
No. Jehová Dios maldijo a “la serpiente original, el que es llamado Diablo” (Revelación [Apocalipsis] 12:9; Génesis 3:14). Cuando Jehová dijo que Adán dominaría a su esposa, no le estaba dando su consentimiento para que la sometiera (Génesis 3:16). Solo estaba prediciendo cuáles serían las tristes consecuencias del pecado que habían cometido.
De modo que el maltrato que sufre la mujer es consecuencia del pecado que heredan los seres humanos, y no de una maldición divina. La Biblia no promueve la idea de que la mujer deba ser sometida para pagar por el pecado original (Romanos 5:12).
¿Fue creada inferior al hombre?
En absoluto. Génesis 1:27 dice: “Dios procedió a crear al hombre a su imagen, a la imagen de Dios lo creó; macho y hembra los creó”. Así que tanto el hombre como la mujer fueron creados con la capacidad de reflejar la personalidad de Dios. Y a pesar de tener una constitución física y emocional diferente, su Creador les encargó la misma comisión y les otorgó los mismos derechos (Génesis 1:28-31).
Antes de crear a Eva, Dios indicó: “Voy a hacerle una ayudante [a Adán], como complemento de él” (Génesis 2:18). ¿Significa el hecho de que Eva fuera creada como complemento de Adán que era inferior a él? De ningún modo. La expresión hebrea empleada también se puede traducir “ayuda idónea para él” o “ayuda similar a él”. Para ilustrarlo: ¿quién es más importante en un quirófano? ¿El cirujano o el anestesiólogo? Es cierto que el cirujano es el que opera, pero no podría hacerlo sin la ayuda del anestesiólogo. Algo parecido pasa en el caso del hombre y la mujer. Dios los creó para que colaboraran estrechamente, no para que compitieran entre sí (Génesis 2:24).
¿Qué prueba que Dios valora a la mujer?
Dios previó que, debido a la imperfección causada por el pecado original, la actitud del hombre hacia la mujer cambiaría. Por eso tomó medidas para protegerla. En su libro La Bible au féminin (La Biblia en género femenino), Laure Aynard habla de la Ley mosaica, que se implantó en el siglo XVI antes de nuestra era, y señala: “La mayoría de las veces que se menciona a la mujer en el pacto de la Ley es para defenderla”.
Así, la Ley de Dios mandaba honrar y respetar tanto al padre como a la madre (Éxodo 20:12; 21:15, 17). Además, exigía que se mostrara la debida consideración a las mujeres embarazadas (Éxodo 21:22). Incluso en nuestros días, estos mandatos contrastan con la falta de derechos que sufren las mujeres en muchas partes del mundo. Pero eso no es todo.
La Ley de Dios y la mujer
La Ley que Dios suministró a la nación de Israel tenía multitud de beneficios físicos, morales y espirituales para todo el pueblo, hombres y mujeres por igual. Si ponían en práctica lo que escuchaban, estarían “por encima de todas las otras naciones de la tierra” (Deuteronomio 28:1, 2). ¿Y qué hay en cuanto a las mujeres? ¿Con qué derechos contaban bajo la Ley?
1. Derecho a la libertad individual. A diferencia de lo que pasaba en otras naciones de aquel tiempo, las israelitas disfrutaban de mucha libertad. Aunque el varón era el cabeza de familia, la esposa, con la plena confianza de él, podía desempeñar tareas como inspeccionar un terreno, comprarlo o plantar una viña. Y si era buena hilando y tejiendo, podía montar su propio negocio (Proverbios 31:11, 16-19). Las mujeres del antiguo Israel eran individuos con derechos propios y no meros apéndices del hombre.
También podían cultivar una relación personal con Dios. En la Biblia se mencionan casos como el de Ana, quien le oró a Dios sobre algo que le preocupaba y le hizo un voto en secreto (1 Samuel 1:11, 24-28). Cierta señora de la ciudad de Sunem solía ir los sábados a consultar al profeta Eliseo (2 Reyes 4:22-25). Algunas, como Débora y Huldá, ejercieron de representantes divinas. Hasta sacerdotes y hombres prominentes acudían a ellas por consejo (Jueces 4:4-8; 2 Reyes 22:14-16, 20).
2. Derecho a la educación. Al ser una de las partes implicadas en el pacto de la Ley, las mujeres podían estar presentes durante la lectura de las leyes, lo que les daba muchas oportunidades de aprender (Deuteronomio 31:12; Nehemías 8:2, 8). Asimismo podían recibir preparación para ciertas facetas de la adoración pública. Algunas probablemente desempeñaban “servicio organizado” en el tabernáculo, y otras cantaban en un coro mixto (Éxodo 38:8; 1 Crónicas 25:5, 6).
Muchas mujeres del antiguo Israel llevaban sus propios negocios
Muchas israelitas sabían cómo llevar un negocio próspero (Proverbios 31:24). Y las madres contribuían a la formación de los hijos varones hasta que se hacían adultos (Proverbios 31:1). ¡Qué diferente de otras naciones en las que solo el padre los educaba! Sin duda alguna, la mujer del antiguo Israel no carecía de educación.
3. Derecho al respeto. Uno de los Diez Mandamientos estipulaba: “Honra a tu padre y a tu madre” (Éxodo 20:12). Y el sabio rey Salomón dijo en uno de sus proverbios: “Escucha, hijo mío, la disciplina de tu padre, y no abandones la ley de tu madre” (Proverbios 1:8).
La Ley regulaba con detalle el trato con personas del sexo opuesto y manifestaba gran respeto por las mujeres (Levítico 18:6, 9; Deuteronomio 22:25, 26). Incluso les recordaba a los hombres que debían tener en cuenta los límites físicos y biológicos de su esposa (Levítico 18:19).
4. Derecho a la protección. En su Palabra, Jehová se describe a sí mismo como “padre de huérfanos de padre y juez de viudas”, es decir, se consideraba responsable de proteger a quienes no tenían un padre o un esposo que lo hiciera (Salmo 68:5; Deuteronomio 10:17, 18). De hecho, en cierta ocasión en que la viuda de un sacerdote se vio en aprietos por culpa de un acreedor injusto, Jehová hizo un milagro para que ella pudiera sobrevivir sin perder su dignidad (2 Reyes 4:1-7).
Otro ejemplo es el de las hijas de Zelofehad. Cuando los israelitas todavía estaban en el desierto, este cabeza de familia murió sin dejar un descendiente varón. Entonces, sus cinco hijas solicitaron “una posesión” en la Tierra Prometida. Jehová les concedió más de lo que ellas habían pedido, pues le dijo a Moisés: “Debes darles la posesión de una herencia en medio de los hermanos de su padre, y tienes que hacer que la herencia de su padre pase a ellas”. A partir de ese momento, las mujeres israelitas pudieron recibir una herencia de sus padres y dejársela a sus descendientes (Números 27:1-8).
Una visión distorsionada de la opinión de Dios
La Ley de Israel concedía una posición honorable a las mujeres y fomentaba el respeto por sus derechos. Sin embargo, a partir del siglo IV antes de nuestra era, el judaísmo se dejó influir por la cultura griega, que consideraba inferior a la mujer (véase el recuadro “Textos antiguos que discriminan a la mujer”).
Ya en el siglo VIII antes de nuestra era, el poeta griego Hesíodo culpaba a la mujer de todos los males. En su obra Teogonía hablaba de “la más perniciosa raza de mujeres, el más cruel azote que existe entre los hombres mortales”. Esta idea cobró auge en el judaísmo a principios del siglo II antes de nuestra era. De hecho, el Talmud, que se empezó a compilar en el siglo II de nuestra era, advertía a los hombres que conversar mucho con mujeres podía empujarlos a recurrir a prostitutas.
Claro, con el paso del tiempo, semejante desconfianza hacia la mujer afectó enormemente su papel en la sociedad judía. En tiempos de Jesús, su acceso al recinto del templo se había limitado al atrio de las mujeres. Solo recibían educación religiosa los varones, y ellas probablemente se sentaban aparte en las sinagogas. En el Talmud también se citaban las siguientes palabras de cierto rabino: “Todo el que instruye a su hija en la Torá [la Ley] es como si la instruyera en cosas frívolas”. Así pues, al transmitir una visión distorsionada de la opinión divina acerca de la mujer, los líderes religiosos judíos inculcaron en muchos hombres el desprecio por las mujeres.
Cuando Jesús estuvo en la Tierra, percibió estos prejuicios tan enraizados en la tradición del pueblo judío (Mateo 15:6, 9; 26:7-11). Ahora bien, ¿dejó él que influyeran en su manera de tratar a las mujeres? ¿Qué podemos aprender de su actitud y del trato que les daba? ¿Y qué puede decirse del cristianismo verdadero? ¿Ha contribuido a mejorar la situación de la mujer? Hallará las respuestas en el siguiente artículo.
Textos antiguos que discriminan a la mujer
A partir del siglo I de nuestra era, diversos intelectuales comenzaron a reinterpretar el relato de Génesis a la luz de la filosofía griega. Para Filón de Alejandría, por ejemplo, Eva había cometido el pecado de tener relaciones sexuales y por eso había sido condenada a sufrir las consecuencias “de la pérdida de la libertad y del dominio del varón con el que convive”. Este repudio de la mujer se infiltró en los escritos judaicos y en los de los Padres de la Iglesia.
Por ejemplo, en un midrás (comentario judío) que data del siglo II, un rabino explica por qué pensaba que la mujer debía cubrirse la cabeza: “Ha cometido una trasgresión y siente vergüenza de la gente”. Y el teólogo Tertuliano, cuyas obras ya tenían mucho peso en el siglo II, predicaba que la mujer debía caminar “como una Eva llorosa y penitente”. Estas enseñanzas y otras similares, que algunos atribuyen equivocadamente a la Biblia, han fomentado la discriminación de la mujer.
viernes, 25 de enero de 2019
miércoles, 16 de enero de 2019
Que Significa RENUEVO
RENUEVO
Significado
Jesús es el retoño del tronco David.
Explicación
Jesús es el renuevo del tronco de David y, paradójicamente, también es la raíz. Él es la vid de la que dependemos para obtener los nutrientes y tener vida. El germen de una semilla es casi invisible al ojo humano, sin embargo es la parte más importante. En él se encuentra la vida de la planta, más bien la vida de una nueva planta. La Biblia habla con expresiones diferentes del germen o “Renuevo” para designar al Mesías que iba a venir. Es el “renuevo del Señor” (Isaías 4:2), un “renuevo” (Isaías 53:2), un “renuevo justo” (Jeremías 23:5), un “varón cuyo nombre es el Renuevo” (Zacarías 6:12). Este lenguaje simbólico, típico de los profetas del Antiguo Testamento, subraya a la vez la humildad en la que Jesús vino y el hecho de que resucitó. Su humildad: su nacimiento en el seno de una familia pobre, la fragilidad de un niño acostado en un pesebre, su vida en el anonimato, su contacto con los más pobres y despreciados, y por último su muerte en una cruz entre dos malhechores. Su resurrección: comparándose a una semilla de trigo, el Señor Jesús explicó que tenía que morir, caer “en tierra”, para llevar fruto. El germen de la semilla es su vida, pero una vez en tierra, imagen de la muerte, la semilla desaparece, dejando desarrollarse una nueva planta. Esta es una imagen elocuente de la resurrección, la vida surge de la muerte, una única semilla que muere produce muchas semillas. Estas semillas representan a los creyentes, los cuales son el resultado de la muerte y resurrección del Señor.
Referencias Bíblicas
Isaías 11:1 NVI; Jeremías 23:5; Zacarías 3:8; 6:12.
Nombres Asociados
Nazareno (significa renuevo, del hebreo netzer; Mateo 2:23; Isaías 11:1) Raíz de David (Apocalipsis 5:5, Isaias 11:10), vástago (Isaias 53:2 NVI), vid (Juan 15:1)
Significado
Jesús es el retoño del tronco David.
Explicación
Jesús es el renuevo del tronco de David y, paradójicamente, también es la raíz. Él es la vid de la que dependemos para obtener los nutrientes y tener vida. El germen de una semilla es casi invisible al ojo humano, sin embargo es la parte más importante. En él se encuentra la vida de la planta, más bien la vida de una nueva planta. La Biblia habla con expresiones diferentes del germen o “Renuevo” para designar al Mesías que iba a venir. Es el “renuevo del Señor” (Isaías 4:2), un “renuevo” (Isaías 53:2), un “renuevo justo” (Jeremías 23:5), un “varón cuyo nombre es el Renuevo” (Zacarías 6:12). Este lenguaje simbólico, típico de los profetas del Antiguo Testamento, subraya a la vez la humildad en la que Jesús vino y el hecho de que resucitó. Su humildad: su nacimiento en el seno de una familia pobre, la fragilidad de un niño acostado en un pesebre, su vida en el anonimato, su contacto con los más pobres y despreciados, y por último su muerte en una cruz entre dos malhechores. Su resurrección: comparándose a una semilla de trigo, el Señor Jesús explicó que tenía que morir, caer “en tierra”, para llevar fruto. El germen de la semilla es su vida, pero una vez en tierra, imagen de la muerte, la semilla desaparece, dejando desarrollarse una nueva planta. Esta es una imagen elocuente de la resurrección, la vida surge de la muerte, una única semilla que muere produce muchas semillas. Estas semillas representan a los creyentes, los cuales son el resultado de la muerte y resurrección del Señor.
Referencias Bíblicas
Isaías 11:1 NVI; Jeremías 23:5; Zacarías 3:8; 6:12.
Nombres Asociados
Nazareno (significa renuevo, del hebreo netzer; Mateo 2:23; Isaías 11:1) Raíz de David (Apocalipsis 5:5, Isaias 11:10), vástago (Isaias 53:2 NVI), vid (Juan 15:1)
lunes, 14 de enero de 2019
Lo que dice la Biblia sobre el Amor
¿Qué dice la Biblia sobre el amor?
"El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor." 1 Juan 4:8.
¿Qué es el amor?
“El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.” 1 Juan 4:8.
Cuando pensamos en amor es fácil pensar en los buenos sentimientos. Pero el verdadero amor no depende de los sentimientos. Se trata de algo mucho más que lo que siento por alguien, un amor romántico, un miembro de mi familia, un amigo, un compañero de trabajo. A menudo se da y se recibe amor con la intención de que YO reciba algo a cambio. Pero, ¿qué hago cuando me cuesta algo amar a alguien? ¿Qué dice la Biblia sobre el amor?
“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.” 1 Corintios 13:4-8.
Pero entonces, ¿qué es amor? Cuando hago todas las cosas sin darle importancia a mis sentimientos o independientemente de las acciones de los demás, esto es amor. En ocasiones no siento que puedo amar cuando soy tentado a la ira, a la impaciencia, a buscar mi propio bien, a pensar lo peor de alguien, a renunciar a algo. Pero cuando niego estos sentimientos y me regocijo, tengo longanimidad, me humillo, llevo las cargas de los demás, soporto todas las cosas – y un verdadero amor se manifiesta. El amor da su vida – aquellas reacciones naturales y exigencias que son parte de la naturaleza humana – y no espera nada a cambio.
“Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.” Juan 15:13.
Amar primero
“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.” 1 Juan 4:10. Es muy bueno si alguien me ama, y yo lo amo de vuelta. Eso es fácil. Pero esto no es una prueba de amor. Dios nos amó antes de que nosotros lo amáramos, y no hemos hecho nada para merecer este amor. ¿Qué sucede si alguien me ha tratado mal? ¿Dónde está mi amor entonces? El amor da, y no sólo a los que son buenos con nosotros. Ama a sus enemigos; ama primero. Y no desaparece si el amor no es recíproco. Todo lo soporta.
“Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.” Mateo 5:44-45.
El amor de Dios
“Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.” 1 Juan 4:20-21.
Nuestro amor a Dios no es mayor que nuestro amor por nuestros semejantes. El amor de Dios no cambia según las circunstancias. Está firmemente arraigado.
Como humanos tenemos la tendencia de querer que los demás cambien. Sentimos que es difícil amar a alguien así como es, y preferimos que fuera diferente. Esto es una prueba de que estamos más preocupados en nuestra propia felicidad y comodidad que del amor por los demás; buscamos nuestro propio bien.
La verdad es que, en lugar de esperar a que los demás cambien, tenemos que encontrar nuestro propio pecado y purificarlo. El interés propio, la actitud de que soy un “sabelotodo”, la arrogancia, la terquedad, etc… pecados que encuentro cuando estoy con los demás. Si nos purificamos de todas estas cosas entonces podemos llevar carga, creer, esperar y soportar todo por los demás. Los amamos así como son, y podemos orar por ellos con un amor de Dios sincero y cuidar de ellos.
Ninguna excepción para amar
No, no hay ninguna excepción. Ningún pensamiento de que “Esta persona no se lo merece.” Jesús dio su vida por nosotros, y esta fue la última prueba de lo mucho que Él nos amó. Nunca alguien ha merecido esto en menor grado que nosotros. Amar no significa estar de acuerdo con el pecado de los demás, o decir que todo lo que hacen está bien. Más bien, es llevar su carga, orar por ellos, tener fe por ellos, desearles lo mejor. Esto es ir a la acción a pesar de lo que siento. Entonces puedo pasar de tener una aversión natural por alguien a tener un amor verdadero por ellos. Si quiero ayudarlos y hacer que se conviertan de las cosas que podrían ser perjudiciales para ellos, puedo exhortar, aconsejarlos o corregirlos, pero sólo puedo hacerlo cuando lo hago a partir de un verdadero cuidado por ellos.
Todas las personas con las que estoy deberían sentir una atracción y un querer de acercarse a Cristo a través de mí. El amor es lo que atrae y acerca a la gente. La bondad, la compasión, la mansedumbre de corazón, la paciencia, el entendimiento. ¿Cómo puede alguien sentir atracción y acercarse si la experiencia que tiene de mí es de impaciencia, soberbia, insolencia, odio, etc.?
Si siento que me falta verdadero amor de Dios entonces puedo orar a Dios y pedirle que me muestre cómo puedo conseguir más. Pero tengo que estar dispuesto a renunciar a mi propia voluntad y pensar primeramente en los demás antes que en mí.
“Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.” 1 Corintios 13:13
"El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor." 1 Juan 4:8.
¿Qué es el amor?
“El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.” 1 Juan 4:8.
Cuando pensamos en amor es fácil pensar en los buenos sentimientos. Pero el verdadero amor no depende de los sentimientos. Se trata de algo mucho más que lo que siento por alguien, un amor romántico, un miembro de mi familia, un amigo, un compañero de trabajo. A menudo se da y se recibe amor con la intención de que YO reciba algo a cambio. Pero, ¿qué hago cuando me cuesta algo amar a alguien? ¿Qué dice la Biblia sobre el amor?
“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.” 1 Corintios 13:4-8.
Pero entonces, ¿qué es amor? Cuando hago todas las cosas sin darle importancia a mis sentimientos o independientemente de las acciones de los demás, esto es amor. En ocasiones no siento que puedo amar cuando soy tentado a la ira, a la impaciencia, a buscar mi propio bien, a pensar lo peor de alguien, a renunciar a algo. Pero cuando niego estos sentimientos y me regocijo, tengo longanimidad, me humillo, llevo las cargas de los demás, soporto todas las cosas – y un verdadero amor se manifiesta. El amor da su vida – aquellas reacciones naturales y exigencias que son parte de la naturaleza humana – y no espera nada a cambio.
“Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.” Juan 15:13.
Amar primero
“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.” 1 Juan 4:10. Es muy bueno si alguien me ama, y yo lo amo de vuelta. Eso es fácil. Pero esto no es una prueba de amor. Dios nos amó antes de que nosotros lo amáramos, y no hemos hecho nada para merecer este amor. ¿Qué sucede si alguien me ha tratado mal? ¿Dónde está mi amor entonces? El amor da, y no sólo a los que son buenos con nosotros. Ama a sus enemigos; ama primero. Y no desaparece si el amor no es recíproco. Todo lo soporta.
“Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.” Mateo 5:44-45.
El amor de Dios
“Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.” 1 Juan 4:20-21.
Nuestro amor a Dios no es mayor que nuestro amor por nuestros semejantes. El amor de Dios no cambia según las circunstancias. Está firmemente arraigado.
Como humanos tenemos la tendencia de querer que los demás cambien. Sentimos que es difícil amar a alguien así como es, y preferimos que fuera diferente. Esto es una prueba de que estamos más preocupados en nuestra propia felicidad y comodidad que del amor por los demás; buscamos nuestro propio bien.
La verdad es que, en lugar de esperar a que los demás cambien, tenemos que encontrar nuestro propio pecado y purificarlo. El interés propio, la actitud de que soy un “sabelotodo”, la arrogancia, la terquedad, etc… pecados que encuentro cuando estoy con los demás. Si nos purificamos de todas estas cosas entonces podemos llevar carga, creer, esperar y soportar todo por los demás. Los amamos así como son, y podemos orar por ellos con un amor de Dios sincero y cuidar de ellos.
Ninguna excepción para amar
No, no hay ninguna excepción. Ningún pensamiento de que “Esta persona no se lo merece.” Jesús dio su vida por nosotros, y esta fue la última prueba de lo mucho que Él nos amó. Nunca alguien ha merecido esto en menor grado que nosotros. Amar no significa estar de acuerdo con el pecado de los demás, o decir que todo lo que hacen está bien. Más bien, es llevar su carga, orar por ellos, tener fe por ellos, desearles lo mejor. Esto es ir a la acción a pesar de lo que siento. Entonces puedo pasar de tener una aversión natural por alguien a tener un amor verdadero por ellos. Si quiero ayudarlos y hacer que se conviertan de las cosas que podrían ser perjudiciales para ellos, puedo exhortar, aconsejarlos o corregirlos, pero sólo puedo hacerlo cuando lo hago a partir de un verdadero cuidado por ellos.
Todas las personas con las que estoy deberían sentir una atracción y un querer de acercarse a Cristo a través de mí. El amor es lo que atrae y acerca a la gente. La bondad, la compasión, la mansedumbre de corazón, la paciencia, el entendimiento. ¿Cómo puede alguien sentir atracción y acercarse si la experiencia que tiene de mí es de impaciencia, soberbia, insolencia, odio, etc.?
Si siento que me falta verdadero amor de Dios entonces puedo orar a Dios y pedirle que me muestre cómo puedo conseguir más. Pero tengo que estar dispuesto a renunciar a mi propia voluntad y pensar primeramente en los demás antes que en mí.
“Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.” 1 Corintios 13:13
lunes, 8 de octubre de 2018
El Significado de Juan 3:16
Juan 3:16 contiene una de las declaraciones más sorprendentes de toda la Escritura: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. El amor de Dios es tan inmenso, tan sorprendente, que Él amó al mundo. Pero ¿qué significa eso? ¿Cómo podemos medir el amor de Dios, tomando en cuenta que Él amó al mundo?
Muchos interpretan este grandioso versículo de la Biblia como si estuviera diciendo que el amor de Dios es tan basto que Él envió a Su Hijo a morir en una cruz por todas y cada una de las personas que han vivido, viven y vivirán en el mundo. Según algunas estadísticas, en el mundo han nacido hasta la fecha unas 70 mil millones de personas. Y quién sabe cuántas más nacerán antes de que la historia humana llegue a su fin. “Pero el amor de Dios es tan grande, dicen algunos, que Él envió a Su propio Hijo a morir por todas y cada una de esas 70 mil millones de personas. Así de grande es el amor de Dios”.
Y aunque parezca sorprendente que Dios pueda amar a tantas personas a la vez, no pienso que esa sea la medida que Juan está usando aquí para mostrarnos la grandeza del amor de Dios.
No olvidemos quién es ese Dios que amó de tal manera al mundo. Nuestro Dios no tiene límites de ningún tipo en ninguna de Sus capacidades. Dice el profeta Isaías, hablando obviamente en lenguaje figurado, que toda el agua de todos los océanos cabe en el hueco de Su mano y que Él puede tomar la medida del Universo con Su palmo. Y por si todo esto fuera poco, Él conoce por nombre cada una de las estrellas de todas y cada una de las galaxias.“Tal es la grandeza de Su fuerza, y el poder de Su dominio”, dice en Is. 40:26.
Así que no podemos medir la grandeza del amor de Dios tomando como punto de referencia la cantidad de personas que pueblan nuestro planeta. Eso sería tan sorprendente como el hecho de que un levantador de pesas olímpico fuera capaz levantar un grano de arroz.
Por otra parte, aquellos que interpretan la palabra “mundo” de esa manera, sin darse cuenta, y estoy seguro que sin quererlo, terminan empequeñeciendo y limitando el amor de Dios. Permítanme explicar a qué me refiero.
Es evidente que no todas las personas se salvan. Así que si la palabra “mundo” aquí señala a todos y cada uno de los seres humanos que han vivido, viven y vivirán en el planeta, tenemos que llegar a la conclusión de que lo único que Dios hizo a favor de todos esos individuos fue abrirles un camino de salvación y luego dejar en sus manos la posibilidad de salvarse. Como si el texto dijera que Dios amó de tal manera a todos y cada uno de los seres humanos que han vivido, viven y vivirán en este mundo, que dio a Su Hijo unigénito para hacer posible que cualquier de ellos pueda salvarse, pero sin asegurar la salvación de ninguno.
Pero es imposible que interpretemos este texto de esa manera. Si Dios dejara en nuestras manos la decisión final de aceptar a Jesús, nadie sería salvo, porque ningún hombre en su estado natural está inclinado a creer en Él y someterse a Su autoridad. Escuchen lo que sigue diciendo Juan en los versículos 19 al 20: “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas”.
Todo el que hace lo malo aborrece la luz y, por lo tanto, no viene a la luz. Y ¿cuántas personas del mundo hacen lo malo? Todas y cada una de ellas, como dice Pablo en Rom. 3:12: “no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”. De manera que si Dios el Padre se hubiera limitado a enviar a Su Hijo a morir por todos los habitantes del planeta, y luego hubiera dejado en nuestras manos la decisión final de la salvación, nadie hubiera sido salvo. Pero Cristo vino al mundo a salvar y no simplemente a crear la posibilidad de que alguien se salvara.
¿Qué significa, entonces, que Dios amó al mundo? Cuando Juan usa la palabra “mundo” en su evangelio, generalmente es para referirse al sistema de maldad imperante en este mundo y que se opone radicalmente a Dios y a Sus caminos. Más adelante, en los capítulos 14 al 16 del evangelio de Juan, el Discurso del Aposento Alto, uno de los temas prominentes de ese discurso es la oposición que el mundo levanta contra los cristianos por el simple hecho de ser cristianos: “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros” (Jn. 15:18). Es por causa del aborrecimiento que el mundo siente por Cristo que el mundo aborrece a todos los que son de Él. Pero fue precisamente por amor a ese mundo que lo aborrece, que Dios el Padre envió a Su Hijo.
Como dice el teólogo Benjamin Warfield, lo que Juan quiere mostrarnos en este texto no es “que el mundo es tan grande que hace falta mucho amor para abarcarlo todo, sino que el mundo es tan malo que hace falta un amor” demasiado grande para poder amarlo, y sobre todo cuando pensamos en el hecho de que ese amor le costó entregar a Su Hijo.[i] Ese Dios, sigue diciendo Warfield, “cuya santa justicia se inflama de indignación ante la visión de toda iniquidad, y cuya absoluta santidad se aparta con horror ante cualquier impureza, ama a este mundo pecador a pesar de todo… de tal manera que ha dado a Su Hijo unigénito para que muera por él”.[ii]
Muchos interpretan este grandioso versículo de la Biblia como si estuviera diciendo que el amor de Dios es tan basto que Él envió a Su Hijo a morir en una cruz por todas y cada una de las personas que han vivido, viven y vivirán en el mundo. Según algunas estadísticas, en el mundo han nacido hasta la fecha unas 70 mil millones de personas. Y quién sabe cuántas más nacerán antes de que la historia humana llegue a su fin. “Pero el amor de Dios es tan grande, dicen algunos, que Él envió a Su propio Hijo a morir por todas y cada una de esas 70 mil millones de personas. Así de grande es el amor de Dios”.
Y aunque parezca sorprendente que Dios pueda amar a tantas personas a la vez, no pienso que esa sea la medida que Juan está usando aquí para mostrarnos la grandeza del amor de Dios.
No olvidemos quién es ese Dios que amó de tal manera al mundo. Nuestro Dios no tiene límites de ningún tipo en ninguna de Sus capacidades. Dice el profeta Isaías, hablando obviamente en lenguaje figurado, que toda el agua de todos los océanos cabe en el hueco de Su mano y que Él puede tomar la medida del Universo con Su palmo. Y por si todo esto fuera poco, Él conoce por nombre cada una de las estrellas de todas y cada una de las galaxias.“Tal es la grandeza de Su fuerza, y el poder de Su dominio”, dice en Is. 40:26.
Así que no podemos medir la grandeza del amor de Dios tomando como punto de referencia la cantidad de personas que pueblan nuestro planeta. Eso sería tan sorprendente como el hecho de que un levantador de pesas olímpico fuera capaz levantar un grano de arroz.
Por otra parte, aquellos que interpretan la palabra “mundo” de esa manera, sin darse cuenta, y estoy seguro que sin quererlo, terminan empequeñeciendo y limitando el amor de Dios. Permítanme explicar a qué me refiero.
Es evidente que no todas las personas se salvan. Así que si la palabra “mundo” aquí señala a todos y cada uno de los seres humanos que han vivido, viven y vivirán en el planeta, tenemos que llegar a la conclusión de que lo único que Dios hizo a favor de todos esos individuos fue abrirles un camino de salvación y luego dejar en sus manos la posibilidad de salvarse. Como si el texto dijera que Dios amó de tal manera a todos y cada uno de los seres humanos que han vivido, viven y vivirán en este mundo, que dio a Su Hijo unigénito para hacer posible que cualquier de ellos pueda salvarse, pero sin asegurar la salvación de ninguno.
Pero es imposible que interpretemos este texto de esa manera. Si Dios dejara en nuestras manos la decisión final de aceptar a Jesús, nadie sería salvo, porque ningún hombre en su estado natural está inclinado a creer en Él y someterse a Su autoridad. Escuchen lo que sigue diciendo Juan en los versículos 19 al 20: “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas”.
Todo el que hace lo malo aborrece la luz y, por lo tanto, no viene a la luz. Y ¿cuántas personas del mundo hacen lo malo? Todas y cada una de ellas, como dice Pablo en Rom. 3:12: “no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”. De manera que si Dios el Padre se hubiera limitado a enviar a Su Hijo a morir por todos los habitantes del planeta, y luego hubiera dejado en nuestras manos la decisión final de la salvación, nadie hubiera sido salvo. Pero Cristo vino al mundo a salvar y no simplemente a crear la posibilidad de que alguien se salvara.
¿Qué significa, entonces, que Dios amó al mundo? Cuando Juan usa la palabra “mundo” en su evangelio, generalmente es para referirse al sistema de maldad imperante en este mundo y que se opone radicalmente a Dios y a Sus caminos. Más adelante, en los capítulos 14 al 16 del evangelio de Juan, el Discurso del Aposento Alto, uno de los temas prominentes de ese discurso es la oposición que el mundo levanta contra los cristianos por el simple hecho de ser cristianos: “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros” (Jn. 15:18). Es por causa del aborrecimiento que el mundo siente por Cristo que el mundo aborrece a todos los que son de Él. Pero fue precisamente por amor a ese mundo que lo aborrece, que Dios el Padre envió a Su Hijo.
Como dice el teólogo Benjamin Warfield, lo que Juan quiere mostrarnos en este texto no es “que el mundo es tan grande que hace falta mucho amor para abarcarlo todo, sino que el mundo es tan malo que hace falta un amor” demasiado grande para poder amarlo, y sobre todo cuando pensamos en el hecho de que ese amor le costó entregar a Su Hijo.[i] Ese Dios, sigue diciendo Warfield, “cuya santa justicia se inflama de indignación ante la visión de toda iniquidad, y cuya absoluta santidad se aparta con horror ante cualquier impureza, ama a este mundo pecador a pesar de todo… de tal manera que ha dado a Su Hijo unigénito para que muera por él”.[ii]
martes, 19 de abril de 2016
ALMA Y ESPIRITU
Alma y espíritu: ¿qué significan realmente estas palabras?
CUANDO oye las palabras alma y espíritu, ¿qué le viene a la mente? Muchas personas creen que estos términos definen algo que los seres humanos llevamos dentro, algo que no muere ni puede verse. Opinan que, cuando fallecemos, esa parte invisible de nosotros se separa del cuerpo y sigue viviendo en algún lugar. Como es una idea muy común, la gente suele sorprenderse al aprender que eso no es lo que la Biblia enseña, ni mucho menos. Entonces, ¿qué son el alma y el espíritu según la Palabra de Dios?
LA PALABRA “ALMA” EN LA BIBLIA
Hablemos primero del alma. Como usted recordará, casi toda la Biblia se escribió originalmente en hebreo y griego. Al referirse al alma, los escritores bíblicos emplearon el término hebreo néfesch y el griego psykjé. En conjunto, los dos aparecen más de ochocientas veces en las Escrituras, y la Traducción del Nuevo Mundo los traduce siempre por “alma”. ¿Cómo se usan en la Biblia las palabras “alma” y “almas”? Se refieren básicamente a 1) las personas, 2) los animales o 3) la vida que tienen tanto las personas como los animales. Veamos varios pasajes que muestran estos tres sentidos.
Personas. “En los días de Noé, [...] unas pocas personas, es decir, ocho almas, fueron llevadas a salvo a través del agua.” (1 Pedro 3:20.) Aquí está claro que “almas” quiere decir seres humanos: Noé, su esposa, sus tres hijos y sus nueras. Además, en Éxodo 16:16 se dio este mandato a los israelitas: “Recojan [el maná] [...] según el número de almas que tenga cada uno de ustedes en su tienda”. En otras palabras, la cantidad de maná dependería del tamaño de la familia. Las palabras “alma” o “almas” también se refieren a personas en pasajes tales como Génesis 46:18, Josué 11:11, Hechos 27:37 y Romanos 13:1.
Animales. En el relato bíblico de la creación leemos: “Dios pasó a decir: ‘Enjambren las aguas un enjambre de almas vivientes, y vuelen criaturas voladoras por encima de la tierra sobre la faz de la expansión de los cielos’. Y Dios pasó a decir: ‘Produzca la tierra almas vivientes según sus géneros, animal doméstico y animal moviente y bestia salvaje de la tierra según su género’. Y llegó a ser así” (Génesis 1:20, 24). A los peces, animales domésticos y animales salvajes se los llama en este pasaje con la misma palabra: “almas”. A las aves y otros animales también se les aplica este término en Génesis 9:10, Levítico 11:46 y Números 31:28
CUANDO oye las palabras alma y espíritu, ¿qué le viene a la mente? Muchas personas creen que estos términos definen algo que los seres humanos llevamos dentro, algo que no muere ni puede verse. Opinan que, cuando fallecemos, esa parte invisible de nosotros se separa del cuerpo y sigue viviendo en algún lugar. Como es una idea muy común, la gente suele sorprenderse al aprender que eso no es lo que la Biblia enseña, ni mucho menos. Entonces, ¿qué son el alma y el espíritu según la Palabra de Dios?
LA PALABRA “ALMA” EN LA BIBLIA
Hablemos primero del alma. Como usted recordará, casi toda la Biblia se escribió originalmente en hebreo y griego. Al referirse al alma, los escritores bíblicos emplearon el término hebreo néfesch y el griego psykjé. En conjunto, los dos aparecen más de ochocientas veces en las Escrituras, y la Traducción del Nuevo Mundo los traduce siempre por “alma”. ¿Cómo se usan en la Biblia las palabras “alma” y “almas”? Se refieren básicamente a 1) las personas, 2) los animales o 3) la vida que tienen tanto las personas como los animales. Veamos varios pasajes que muestran estos tres sentidos.
Personas. “En los días de Noé, [...] unas pocas personas, es decir, ocho almas, fueron llevadas a salvo a través del agua.” (1 Pedro 3:20.) Aquí está claro que “almas” quiere decir seres humanos: Noé, su esposa, sus tres hijos y sus nueras. Además, en Éxodo 16:16 se dio este mandato a los israelitas: “Recojan [el maná] [...] según el número de almas que tenga cada uno de ustedes en su tienda”. En otras palabras, la cantidad de maná dependería del tamaño de la familia. Las palabras “alma” o “almas” también se refieren a personas en pasajes tales como Génesis 46:18, Josué 11:11, Hechos 27:37 y Romanos 13:1.
Animales. En el relato bíblico de la creación leemos: “Dios pasó a decir: ‘Enjambren las aguas un enjambre de almas vivientes, y vuelen criaturas voladoras por encima de la tierra sobre la faz de la expansión de los cielos’. Y Dios pasó a decir: ‘Produzca la tierra almas vivientes según sus géneros, animal doméstico y animal moviente y bestia salvaje de la tierra según su género’. Y llegó a ser así” (Génesis 1:20, 24). A los peces, animales domésticos y animales salvajes se los llama en este pasaje con la misma palabra: “almas”. A las aves y otros animales también se les aplica este término en Génesis 9:10, Levítico 11:46 y Números 31:28
miércoles, 2 de marzo de 2016
SIGNIFICADO DE LOS CAMBIOS DE NOMBRES EN LA BIBLIA.
SIGNIFICADO DE LOS CAMBIOS DE NOMBRES EN LA BIBLIA.
Tu eres "Pedro" Según los planes de Dios, el nombre de una persona es muy importante, especialmente el nombre de Dios (Ver Dt 5, 11; Ex 3, 14 "Yo Soy"; Is 43, 1; y Ap 3, 5). La Biblia
nos muestra algo significativo: cada vez que Dios cambia el nombre de una persona no es por casualidad sino por una razón. El nombre corresponde a su nueva IDENTIDAD, FUNCION Y/O MINISTERIO.
En el AT vemos ejemplos de esta idea de que el nombre corresponde con la nueva identidad de la persona, así Dios nos preparó para que entendiéramos lo que iba a hacer su Hijo Jesús.
En el caso de Abrám Dios cambió su nombre por el de ABRAHAM (Gn 17, 5).El nombre Abrahám significa "padre de las naciones". ¿Es verdad que Abraham es padre de las naciones? Sí, porque Dios
le prometió que lo iba a ser: te he puesto por padre de muchedumbre de gentes (Gn 17, 5). Así vemos que su nuevo nombre corresponde con su nuevo ministerio e identidad.
En el mismo Génesis también vemos que Saraí recibió el nombre de SARA que significa "princesa". Otra vez el cambio de nombre corresponde con la nueva identidad dentro de la realeza. Sara iba
a ser madre de reyes (Gn 17, 16). A Jacob, Dios le cambió su nombre por ISRAEL porque luchó con Dios y con los hombres y venció (Gn 32, 28).
Leemos en Isaías 62,4 que el pueblo de Dios entero recibió un nombre nuevo: Nunca más te llamarán Desamparada, ni tu tierra se dirá más Desolada; sino que serás llamada Hefzi-bá, y tu tierra,
Beula; porque el amor de Jehová estará en ti, y tu tierra será el Dios tuyo.(1) Aquí se trata de una nueva relación con Dios que le daría una nueva identidad. Este cambio de nombre también afectaría
su posición con el mundo político. (Otro ejemplo lo tenemos en 2 R 23, 34.)
Como podemos ver, el nombre nuevo refleja la identidad de la persona. Lo mismo sucede en el NT. En Mt 1, 21 el ángel dice a María: Y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESUS (2), porque él salvará
a su pueblo. El nombre dado por el ángel corresponde a su identidad y ministerio: Jesús salva
Otro ejemplo es: Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros (Mt 1, 23). Es claro que Jesús es Dios-con-nosotros. Vemos que en el plan de Dios, cuando él cambia el nombre de una
persona éste corresponde a su ministerio e identidad. Jesús sigue la manera de su Padre.
En la Biblia (Reina-Valera), en Jn 1, 42 Jesús dijo a Simón: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro), se nota que Cefas y Pedro significa lo mismo. Ahora,
hermano, mira al pie de la página de tu Biblia que corresponde a los números que van con "Pedro" y "Cefas", en el texto, dice: "1, 2 De la palabra piedra en arameo y en griego, respectivamente".
Entonces Jesús cambió el nombre de Simón, a Pedro y Pedro quiere decir piedra en Griego. Ahora, examinemos a Mt 16, 13-19 para entender la voluntad de Jesucristo. Primero vemos que Pedro contesta
la pregunta de Jesús sobre su identidad. ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Es una pregunta de identidad y la contesta Pedro. Tú eres el Cristo. Después Jesús, usando las mismas
palabras "TÚ ERES", también trata la identidad de Simón: Y yo también te digo, que tú eres Pedro (Mt 16, 18).
Tu eres "Pedro" Según los planes de Dios, el nombre de una persona es muy importante, especialmente el nombre de Dios (Ver Dt 5, 11; Ex 3, 14 "Yo Soy"; Is 43, 1; y Ap 3, 5). La Biblia
nos muestra algo significativo: cada vez que Dios cambia el nombre de una persona no es por casualidad sino por una razón. El nombre corresponde a su nueva IDENTIDAD, FUNCION Y/O MINISTERIO.
En el AT vemos ejemplos de esta idea de que el nombre corresponde con la nueva identidad de la persona, así Dios nos preparó para que entendiéramos lo que iba a hacer su Hijo Jesús.
En el caso de Abrám Dios cambió su nombre por el de ABRAHAM (Gn 17, 5).El nombre Abrahám significa "padre de las naciones". ¿Es verdad que Abraham es padre de las naciones? Sí, porque Dios
le prometió que lo iba a ser: te he puesto por padre de muchedumbre de gentes (Gn 17, 5). Así vemos que su nuevo nombre corresponde con su nuevo ministerio e identidad.
En el mismo Génesis también vemos que Saraí recibió el nombre de SARA que significa "princesa". Otra vez el cambio de nombre corresponde con la nueva identidad dentro de la realeza. Sara iba
a ser madre de reyes (Gn 17, 16). A Jacob, Dios le cambió su nombre por ISRAEL porque luchó con Dios y con los hombres y venció (Gn 32, 28).
Leemos en Isaías 62,4 que el pueblo de Dios entero recibió un nombre nuevo: Nunca más te llamarán Desamparada, ni tu tierra se dirá más Desolada; sino que serás llamada Hefzi-bá, y tu tierra,
Beula; porque el amor de Jehová estará en ti, y tu tierra será el Dios tuyo.(1) Aquí se trata de una nueva relación con Dios que le daría una nueva identidad. Este cambio de nombre también afectaría
su posición con el mundo político. (Otro ejemplo lo tenemos en 2 R 23, 34.)
Como podemos ver, el nombre nuevo refleja la identidad de la persona. Lo mismo sucede en el NT. En Mt 1, 21 el ángel dice a María: Y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESUS (2), porque él salvará
a su pueblo. El nombre dado por el ángel corresponde a su identidad y ministerio: Jesús salva
Otro ejemplo es: Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros (Mt 1, 23). Es claro que Jesús es Dios-con-nosotros. Vemos que en el plan de Dios, cuando él cambia el nombre de una
persona éste corresponde a su ministerio e identidad. Jesús sigue la manera de su Padre.
En la Biblia (Reina-Valera), en Jn 1, 42 Jesús dijo a Simón: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro), se nota que Cefas y Pedro significa lo mismo. Ahora,
hermano, mira al pie de la página de tu Biblia que corresponde a los números que van con "Pedro" y "Cefas", en el texto, dice: "1, 2 De la palabra piedra en arameo y en griego, respectivamente".
Entonces Jesús cambió el nombre de Simón, a Pedro y Pedro quiere decir piedra en Griego. Ahora, examinemos a Mt 16, 13-19 para entender la voluntad de Jesucristo. Primero vemos que Pedro contesta
la pregunta de Jesús sobre su identidad. ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Es una pregunta de identidad y la contesta Pedro. Tú eres el Cristo. Después Jesús, usando las mismas
palabras "TÚ ERES", también trata la identidad de Simón: Y yo también te digo, que tú eres Pedro (Mt 16, 18).
lunes, 8 de febrero de 2016
EL AMOR una de las cosas mas poderosas que tiene el ser humano
Una de las cosas más poderosas que tiene el ser humano es el amor. Pero muchas veces puede ser confundido o usado erróneamente, por ejemplo dicen: “Robé por amor”, o “Por amor me voy con mi amante”, o “Soporto los golpes de mi pareja porque lo amo.” La persona dice: “lo hago por amor” pero eso, no es amor. El verdadero amor siempre es inteligente.
1° Corintios 13 lo describe, dice: “Amor no es un sentimiento, no es lo que las canciones ni la cultura dicen; para funcionar el amor tiene que ser inteligente.” Pablo dice: ” Hoy tenemos la fe, la esperanza y el amor pero el mayor de los tres es el amor.” La fe es la capacidad sobrenatural de Dios para mover las montañas. La esperanza es poderosa porque da perseverancia, la capacidad de visualizar un sueño. Pero el que abre la puerta a las dos, es el amor, dijo Pablo.
Diferentes tipos de amor
Amor fileo
La amistad se construye poco a poco, sobre las semejanzas, con lo que tenemos en común. Hay que establecer puentes, para que la amistad en la pareja perdure felizmente. Las parejas exitosas tienen intimidad. Es decir se dedican a conocer el mundo interno del otro y a darse a conocer, no es un conocimiento superficial, sino es un conocimiento profundo. Es interesante que la palabra sexo no aparece en la Biblia en ningún momento, en vez de sexo se usa la palabra “conocer”. Cuando dice: Adán conoció a Eva se está hablando de intimidad, entonces conocer el mundo interno, es la necesidad más poderosa que tenemos los seres humanos.
Todos tenemos una gran necesidad que los demás, o ciertas personas conozcan nuestra historia, conozcan nuestro mundo íntimo, porque se ha descubierto que la intimidad en una pareja, donde uno conoce íntimamente al otro y se deja conocer por el otro, esas parejas trazan un lazo de fortaleza y amistad, que los va a mantener en momentos de crisis. Cuando vienen las crisis, esa pareja sobrevive, porque hay un nivel de intimidad profundo con el otro, y la intimidad se construye cuando uno se muestra, se da a conocer. Cuando se sacan las máscaras, cuando abre su corazón con su compañero. Hay parejas donde él gana dinero que ella no sabe, o ella gana dinero que él no sabe.
Amor de pacto
Dice en Cantares: “hermana mía”, existe un lazo, nosotros tenemos un compromiso de pareja (no es solo filos y eros) si le agregamos el compromiso, no nos abandonamos estaremos juntos en todos los momentos. Es un amor paciente, no quema etapas, se toma su tiempo, para establecer un proyecto. Las parejas inteligentes cuidan como lo más valioso de su matrimonio el respeto. Donde tú estés siempre será un lugar santísimo para ti, porque tú eres el templo del Espíritu Santo. Y tu amor hacia tu cónyuge será transparente, espontáneo, e inteligente.
Amor ágape
Primera Corintios 13 es amor de Dios, no es humano, el amor de Dios se experimenta. El amor de Dios, es sanador y liberador. El Amado dice: “bajemos al huerto”: ¿para qué?, para bendecir a los demás; “somos lirios entre los espinos”: estamos rodeados de una tierra así, sembrada de tentaciones, perversidad y egoísmo; pero nosotros somos lirios, superamos los obstáculos. “La Rosa de Sarón”: es una rosa roja común, crecerá la maldición, pero somos rosas y sobre nosotros será vista la luz del Señor.
Amor eros:
Pasión sexual, sin inhibiciones, al eros lo alimenta la novedad. Se describen, se usan perfumes, cambios de ambientes, muchos de nosotros hemos vivido una sexualidad reprimida porque nos criaron así.
El modelo de Dios: no se acuesten con una prostituta porque se ligan espiritualmente, se están uniendo, el cuerpo es el templo del Espíritu Santo. La pareja habla, disfruta, se cuidan, se respetan y disfrutan del amor eros. A veces el lenguaje del cuerpo da un mensaje, mientras las palabras dan otro. Hay que Pedir aclaración para estar seguro de que sabe lo que él o ella realmente está sintiendo o pensando.
No nos podemos avergonzar de hablar de lo que Dios no se avergonzó en crear
Descripción de “la amada”
“Sus pechos”: de allí sale la leche para amamantar, es la capacidad de bendecir, tiene que ver con el crecimiento. Es la palabra: vas a dar bendición, vas a hacerle bien a los otros, cuantos más problemas tienes, más tienes que salir a bendecir a alguien.
“tus labios”: son finos y rojos, Dios te hace bello/a cuando sabes hablar. Al Señor le encanta cuando hablamos palabras de fe.
“tu cuello”: es como la torre de David, habla de estabilidad, necesitamos gente estable. Somos gente de pelea, de batalla. En tu cuello se van a colgar escudos de guerra, cada escudo será una pelea que has batallado y que has vencido.
En la pareja, uno se va eligiendo permanentemente con el otro. Las crisis si no te matan, te fortalecen. Lo individual siempre tiene que estar supeditado a lo vincular, hay una parte que resignar siempre de un lado y del otro, no para que se evite el conflicto, sino para que se pueda atravesar, y una vez atravesado, la profundidad en el vínculo es aún mayor.
Cuando Dios creó a Adán dijo: “no es bueno que el hombre esté solo”, no dijo soltero, porque no era un tema de estado civil, era un tema de gobierno: “solo para gobernar la tierra”. Por eso dijo: “le voy a hacer una compañera para que gobiernen la tierra”, para que cada uno alcance su sueño. Los matrimonios que sobreviven a las crisis y las tormentas, son matrimonios que no se comparan y no compiten el uno con el otro, porque cada uno tiene sus sueños personales, se fortalecen en las promesas de Dios, y se abrazan a ellas. Recuerdan que: “Ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada los podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”.
1° Corintios 13 lo describe, dice: “Amor no es un sentimiento, no es lo que las canciones ni la cultura dicen; para funcionar el amor tiene que ser inteligente.” Pablo dice: ” Hoy tenemos la fe, la esperanza y el amor pero el mayor de los tres es el amor.” La fe es la capacidad sobrenatural de Dios para mover las montañas. La esperanza es poderosa porque da perseverancia, la capacidad de visualizar un sueño. Pero el que abre la puerta a las dos, es el amor, dijo Pablo.
Diferentes tipos de amor
Amor fileo
La amistad se construye poco a poco, sobre las semejanzas, con lo que tenemos en común. Hay que establecer puentes, para que la amistad en la pareja perdure felizmente. Las parejas exitosas tienen intimidad. Es decir se dedican a conocer el mundo interno del otro y a darse a conocer, no es un conocimiento superficial, sino es un conocimiento profundo. Es interesante que la palabra sexo no aparece en la Biblia en ningún momento, en vez de sexo se usa la palabra “conocer”. Cuando dice: Adán conoció a Eva se está hablando de intimidad, entonces conocer el mundo interno, es la necesidad más poderosa que tenemos los seres humanos.
Todos tenemos una gran necesidad que los demás, o ciertas personas conozcan nuestra historia, conozcan nuestro mundo íntimo, porque se ha descubierto que la intimidad en una pareja, donde uno conoce íntimamente al otro y se deja conocer por el otro, esas parejas trazan un lazo de fortaleza y amistad, que los va a mantener en momentos de crisis. Cuando vienen las crisis, esa pareja sobrevive, porque hay un nivel de intimidad profundo con el otro, y la intimidad se construye cuando uno se muestra, se da a conocer. Cuando se sacan las máscaras, cuando abre su corazón con su compañero. Hay parejas donde él gana dinero que ella no sabe, o ella gana dinero que él no sabe.
Amor de pacto
Dice en Cantares: “hermana mía”, existe un lazo, nosotros tenemos un compromiso de pareja (no es solo filos y eros) si le agregamos el compromiso, no nos abandonamos estaremos juntos en todos los momentos. Es un amor paciente, no quema etapas, se toma su tiempo, para establecer un proyecto. Las parejas inteligentes cuidan como lo más valioso de su matrimonio el respeto. Donde tú estés siempre será un lugar santísimo para ti, porque tú eres el templo del Espíritu Santo. Y tu amor hacia tu cónyuge será transparente, espontáneo, e inteligente.
Amor ágape
Primera Corintios 13 es amor de Dios, no es humano, el amor de Dios se experimenta. El amor de Dios, es sanador y liberador. El Amado dice: “bajemos al huerto”: ¿para qué?, para bendecir a los demás; “somos lirios entre los espinos”: estamos rodeados de una tierra así, sembrada de tentaciones, perversidad y egoísmo; pero nosotros somos lirios, superamos los obstáculos. “La Rosa de Sarón”: es una rosa roja común, crecerá la maldición, pero somos rosas y sobre nosotros será vista la luz del Señor.
Amor eros:
Pasión sexual, sin inhibiciones, al eros lo alimenta la novedad. Se describen, se usan perfumes, cambios de ambientes, muchos de nosotros hemos vivido una sexualidad reprimida porque nos criaron así.
El modelo de Dios: no se acuesten con una prostituta porque se ligan espiritualmente, se están uniendo, el cuerpo es el templo del Espíritu Santo. La pareja habla, disfruta, se cuidan, se respetan y disfrutan del amor eros. A veces el lenguaje del cuerpo da un mensaje, mientras las palabras dan otro. Hay que Pedir aclaración para estar seguro de que sabe lo que él o ella realmente está sintiendo o pensando.
No nos podemos avergonzar de hablar de lo que Dios no se avergonzó en crear
Descripción de “la amada”
“Sus pechos”: de allí sale la leche para amamantar, es la capacidad de bendecir, tiene que ver con el crecimiento. Es la palabra: vas a dar bendición, vas a hacerle bien a los otros, cuantos más problemas tienes, más tienes que salir a bendecir a alguien.
“tus labios”: son finos y rojos, Dios te hace bello/a cuando sabes hablar. Al Señor le encanta cuando hablamos palabras de fe.
“tu cuello”: es como la torre de David, habla de estabilidad, necesitamos gente estable. Somos gente de pelea, de batalla. En tu cuello se van a colgar escudos de guerra, cada escudo será una pelea que has batallado y que has vencido.
En la pareja, uno se va eligiendo permanentemente con el otro. Las crisis si no te matan, te fortalecen. Lo individual siempre tiene que estar supeditado a lo vincular, hay una parte que resignar siempre de un lado y del otro, no para que se evite el conflicto, sino para que se pueda atravesar, y una vez atravesado, la profundidad en el vínculo es aún mayor.
Cuando Dios creó a Adán dijo: “no es bueno que el hombre esté solo”, no dijo soltero, porque no era un tema de estado civil, era un tema de gobierno: “solo para gobernar la tierra”. Por eso dijo: “le voy a hacer una compañera para que gobiernen la tierra”, para que cada uno alcance su sueño. Los matrimonios que sobreviven a las crisis y las tormentas, son matrimonios que no se comparan y no compiten el uno con el otro, porque cada uno tiene sus sueños personales, se fortalecen en las promesas de Dios, y se abrazan a ellas. Recuerdan que: “Ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada los podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”.
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